Crónica: Italia se jugará su boleto para Qatar 2022 a la carta más alta

Irlanda del Norte e Italia han empatado a cero en el Windsor Park de Belfast en la última jornada de la Fase de Clasificación para el Mundial, tras un partido muy disputado, en el que a excepción de algún tramo, los de Mancini no se han encontrado cómodos en ningún momento.

A Italia le costó encontrar las debilidades de su rival

El encuentro se inició con un incuestionable control del balón de una Italia perfectamente consciente de que tendría que llevar la iniciativa para asegurarse su plaza en el próximo Mundial. Ante un oponente, que pese a su despliegue físico no estaba del todo bien plantado sobre el terreno de juego dibujando una distancia entre la primera y la segunda línea la cual esbozaba un bloque partido. Pero pese a ello, no dudaba en saltar a la presión para enturbiar la circulación de la campeona de Europa durante varios minutos, obligándola a retroceder y a concentrar su secuencia de pases en la mitad de campo propia. El duelo se estaba cociendo a fuego lento y la intensidad empleada por ambos conjuntos no resultaba tan palpable por el menor ritmo al que se desplazaba el esférico, pues el dominio italiano se estaba viendo intimidado por la agresividad y la disciplina defensiva de la selección local, cuyo plan reactivo se sustentaba en ataque sobre los envíos en largo hacia sus atacantes o las transiciones tras una recuperación. Sin embargo, la estructura defensiva de los británicos demostró una debilidad a la espalda de Davis cuando Barella o Insigne se prodigaban por la zona de tres cuartos, que provocaría que la altura de su bloque dejase de ser tan elevada, tal y como ejemplificaría una acción en la que Barella recibió un pase en largo a la espalda de los centrales en posición aparentemente antirreglamentaria.

Esa fisura empezó a ser trabajada con una gran paciencia por los de Mancini, quienes instaurando un mayor control del juego consiguieron originar situaciones de uno para uno, debido a la basculación asimétrica que su circulación, intencionadamente concentrada en un costado, provocaba en unos verdiblancos extremadamente cuidadosos a la hora de proteger su debilidad en el carril central, para posteriormente sacar rédito del gran desplazamiento en largo que le ofrecía Tonali, hacia los extremos. Esta anomalía defensiva se evidenció en una apertura hacia el costado izquierdo donde un Chiesa mucho más acertado dejó atrás a su marcador y sacó un lanzamiento raso después de una fulgurante diagonal, que blocó el arquero local. Esa situación de peligro avivó las sosegadas posesiones transalpinas y le dio un mayor dinamismo al partido hasta el momento en el que el colegiado señaló el camino de los vestuarios.

Los cambios no beneficiaron a Italia

El segundo período se inició con un previsible control por parte de los visitantes, los cuales habían sustituido a Tonali por Cristante, aunque el avance del reloj y los resultados que se producían en otros campos estaban provocando un mayor nerviosismo en su fase ofensiva, promoviendo una tenencia de la pelota mucho menos fluida y más irregular en la entrega, fomentándose de esta manera las imprecisiones. A ello también contribuyeron los dirigidos por Ian Baraclough, al provocar más interrupciones en el juego y mostrarse más expeditivos con el cuero en campo propio, cortando de raíz cualquier ofensiva de la Azzurra. Cuyas aproximaciones se disolvían cuando el colectivo enlazaba con un extremo más minuciosamente vigilado en el bloque bajo norirlandés. Bajo la premisa de anotar un tanto que les eximiera de disputar la repesca, Roberto Mancini fue gradualmente variando su once e introdujo a Belotti, Locatelli y Bernardeschi por Barella, Jorginho e Insigne. Frente a la dinámica prácticamente uniforme que estaba adquiriendo el choque con el dominio lineal de la selección italiana atacando posicionalmente a su adversario, los anfitriones fueron los únicos que estaban consiguiendo generar ocasiones de peligro gracias a sus ágiles combinaciones por los costados, a causa de una mayor participación de los carrileros, que le estaban permitiendo rematar en posición favorable ante el retroceso errático de los italianos.

En los últimos veinte minutos de juego, el enfrentamiento se rompió, deparándonos un enriquecedor intercambio de golpes en el que los isleños tuvieron las situaciones más peligrosas explotando la indolencia defensiva de Italia, quien perdió el control de la situación a raíz de las sustituciones, siendo apenas capaz de producir peligro más allá de algún destello individual, en forma de lanzamiento de media distancia, o mediante algún centro aislado que alguno de los laterales pudiese controlar en el palo opuesto como haría Di Lorenzo hasta en dos ocasiones, sin acierto. Los últimos instantes estuvieron desbordados por la emoción, pues el Green & White Army se desplegó en ataque para recolectar los frutos de la manifiesta inestabilidad defensiva de un contrincante expuesto, que no fue capaz de atacar ni de defender correctamente en el cóctel de emociones en el que estaba inmerso. Donde estuvo a punto de caer derrotado cuando Connor Washington recibió un mal despeje en largo y se zafó de un nuevamente dubitativo Donnarumma, para conectar un tibio remate que sacaría Bonucci bajo palos, para terminar de rubricar la repesca para la campeona de Europa.

Ficha Técnica

-Irlanda del Norte: Peacock-Farrell – Cathcart, Flanagan, Evans, Lewis – Davis – Dallas, McCann, Saville, Whyte – Magennis

-Italia: Donnarumma – Di Lorenzo, Bonucci, Acerbi, Emerson – Barella, Jorginho, Tonali – Berardi, Insigne, Chiesa.

-Kovacs amonestó a Tonali (min.9), Magennis (min.57), Peacock-Farrell (min.83), Donnarumma (min.94).

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