34 años de la llegada de Carlos Muñoz al Real Oviedo

Tal día como hoy, hace 34 años, recalaba en el Real Oviedo el mejor delantero de su historia reciente. Carlos se convirtió, desde bien pronto, en el ídolo absoluto de la afición carbayona. Es el 5° máximo goleador histórico del Oviedo. Hoy en El Señor del Balón repasamos su trayectoria.

Un ascenso en el año 88, una temporada sobresaliente que derivó en una participación en 1991 en la UEFA por primera vez para el Oviedo, más de un lustro en Primera División sin pasar apuros para mantener la categoría (sumados a un par de temporadas en las que entrar en Europa era un objetivo más que posible). Todo ello no hubiera sido posible sin Carlos Muñoz Cobo, delantero andaluz nacido en Úbeda que emigró de pequeño junto a su familia hacia Barcelona. Allí fue donde despertó su interés por el fútbol, jugando en la calle con amigos y colándose después en varios partidos del Barcelona.

Pronto, aquel chaval que había trabajado de albañil, de butanero y de camarero para ayudar a su familia económicamente, llamó la atención de los scoutings del Barcelona, que se lo llevaron al filial del conjunto azulgrana, con el que debutó en Segunda, curiosamente ante el Oviedo. Ese día, Carlos anotó dos goles y provocó un penalti. Notable actuación que le valió la llamada para entrenar con el primer equipo del Barcelona. Pero Menotti, su gran valedor dentro del Barça, renunció al cargo tras la muerte de su madre, algo que complicó y mucho la continuidad de Carlos en un equipo con Maradona, Schuster, Lobo Carrasco o Quini. Ahí fue cuando comenzó su periplo de cesiones por la costa mediterránea. Tras irse al Elche, Hércules y Murcia, el Oviedo se presentó como una buena alternativa para un jugador que tenía las puertas cerradas del primer equipo del Barcelona. Sin embargo tampoco es que aquel Oviedo fuese un destino especialmente apetecible. El año anterior había librado el descenso a Segunda B de aquella manera algo que, como también pudo ratificar Carlos en numerosas ocasiones, no ayudó a que el delantero andaluz se muriese de ganas por llegar a la capital del Principado. Sin embargo, hay caminos que, por mucho que parezca que su destino es terminar en un pozo sin fondo, se juntan en algún punto de su trayectoria y juntos logran reconducir la situación. Es el caso, sin duda, de Carlos y el Oviedo. Una historia de un equipo que vagaba por el inhóspito desierto de Segunda División desde hacia años y de un jugador que, a pesar de sus buenas actuaciones, veía como no contaba con las oportunidades que se merecía. Así llegó Carlos a Oviedo, entre dudas, y sin saber lo que se le venía por delante. Nadie se podía esperar, debido a la incertidumbre que rodeaba al Oviedo en cada mercado de fichajes, que acababa de llegar al Tartiere un seguro de gol para los próximos años.

Carlos llegó a Oviedo en 1987 acompañado se uno de sus hermanos y, cómo contó en una entrevista a El Confidencial, el segundo entrenador del conjunto azul, Marigil, confundió a su hermano con el bueno de Carlos. Nadie sabía quién era aquel delantero que en los próximos años marcaría una época y sería recordado hasta el día de hoy, incluso por aficionados como yo que no tuvimos la suerte de verle jugar en directo. Aquella temporada todo fue sobre ruedas. Carlos terminó como pichichi de Segunda con 25 goles y el Oviedo consiguió el ascenso después de más de una década en la categoría de plata. Aquel año le sirvió para darse cuenta del equipo al que había llegado. Había conocido a una afición que pensaba que no vería más al Oviedo en Primera División, y él se había convertido en el ídolo y el máximo artífice de aquella hazaña.

Tras su buen año, el Atlético de Madrid apostó por su fichaje y negoció con el FC Barcelona (equipo al que todavía pertenecía Carlos) por la contratación del delantero andaluz. Sin embargo, aquella fue otra temporada amarga para Carlos Muñoz. Menotti, el entrenador que en el Barcelona había apostado por él, fue destituido una vez más, dejando a Carlos solo en el club rojiblanco. Pero, en su vuelta al Tartiere con la camiseta del Atlético, Carlos recibió el cariño de una afición que no le olvidaba. ” ¡Carlos, te quiere, la gente del Tartiere! “, vitoreaban los fanáticos del Oviedo. Futre, estrella del Atlético, alucinado, le preguntó a Carlos sobre aquella locura que había en el Tartiere con él. Era la magia del fútbol. Había quedado patente que Carlos y el Real Oviedo estaban destinados a reencontrarse. Y así fue.

Al año siguiente (1989/1990) el Real Oviedo hizo oficial su fichaje en propiedad por lo que Carlos estaría en Asturias los próximos siete años, no defraudando a la afición y convirtiéndose en el ídolo absoluto de un club en el que no faltaban estrellas. Y es que los noventa fueron años felices para los azules. A Carlos hay que sumarle a dos campeones de la Copa de Europa, Lacatus y Prosinecki, que coincidieron con el andaluz. Y como no a Jokanovic, a Jerkan, a Rivas, a Jankovic, a Dubovsky o a Sañudo. Si a todos ellos les añadimos a jugadores de la cantera como Luis Manuel, Viti, Bango o Berto contamos con una generación dorada en la historia del Real Oviedo.

Carlos fue el guía de esta generación. Un capitán sin brazalete que ejercía de líder a base de goles. Con la derecha, con la izquierda, de cabeza, de penalti, de volea, al Madrid, al Barcelona, al Genoa en Europa. Daban igual la manera y el rival, Carlos siempre era sinónimo de gol. De ahí que el Tartiere cantase a los cuatro vientos el famoso ” ¡Carlos, Carlos, Carlos Gol, Carlos Gol, Caaarloos Gooool! ” una y otra vez.

En sus siete años en el Real Oviedo, Carlos logró anotar 133 goles. Cifras que le sirvieron para ser el quinto máximo realizador del club azul en toda su historia. Y es que Carlos fue el mejor delantero nacional de principios de los 90. Ya en Primera División con el Oviedo, en el año 1993/94, fue el máximo goleador español de la liga con 20 goles, muy por encima de delanteros que acabaron entrando en la lista de Clemente para el Mundial de Estados Unidos 1994. Carlos no estuvo en aquella cita, algo que recuerda como el mayor fiasco de su carrera. Algo inmerecido que solamente tiene su explicación en que Clemente, seleccionador español que había entrenado años atrás al Atlético, le pidió a Carlos en su día que no se fuese del Atlético de Madrid cuando él era el entrenador, pero Carlos tenía la decisión tomada de volver a Oviedo. Finalmente, años más tarde y a modo de exclusión de un Mundial, Clemente se vengó de Carlos y le dejó fuera. Algo totalmente injusto. Sin embargo, Carlos puede presumir de haber marcado seis goles en seis partidos que disputó con la Selección Española. Su debut, con 29 años y en El Molinón, significó un triunfo histórico ante Brasil. El marcador lo abrió, como no podía ser de otra forma, Carlos con un remate de cabeza espectacular en plancha.

Tras marcharse del Oviedo, Carlos se fue a México donde consiguió lograr en cuatro años dos pichichis con el Puebla. Una vez retirado, siguió ligado al mundo del fútbol como entrenador y decidió quedarse a vivir en Oviedo, en la ciudad en la que había conseguido demostrar el delantero que era.

Para terminar, hay una anécdota que le honra. Carlos, en medio del conflicto que se vivió a principios de los 2000, era el director deportivo de la escuela deportiva del Ayuntamiento de Oviedo. El Ayuntamiento, con Gabino de Lorenzo, había engendrado un nuevo club, el Astur, que vendría a ser el sustituto de un Oviedo que yacía moribundo en Tercera tras un descenso administrativo. A Carlos, trabajador del Ayuntamiento, se le llamó para ser uno de los abanderados del nuevo club. Pero él se negó. Demostró unos valores y un agradecimiento al club que para sí quisiesen algunos traidores que llevaron el brazalete del Oviedo en su época.

Hoy en día Carlos sigue viviendo en Oviedo y trabajando en un gimnasio de la capital asturiana. Verle por la calle tiene que ser una especie de viaje al pasado para muchos oviedistas que disfrutaron con sus goles en el antiguo Tartiere de Buenavista. Ojalá algún día “Carlos Gol” forme parte del organigrama del Real Oviedo y se le reconozca todo lo que aportó a la segunda época dorada de la historia del Real Oviedo.

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