Opinión: Y los que hay, (lo) han cambiado

Decían los Celtas Cortos, precisamente en un 20 de abril (del 90, a alguna chata que anduviera por ahí), que ya no quedaba casi nadie de los de antes, y que los que había, habían cambiado. Calcando día y mes -aunque unos años más tarde-, podemos afirmar que aquellos casi nadie se han extinguido, aunque algunos prefieran tacharlo de “cambio” o incluso, “evolución”.

Al comentar que se han extinguido no pretendo elevar a la enésima potencia el recuerdo y ubicar a lo antiguo por encima de lo actual cual anciano que, con brillo bañado en lágrimas en los ojos explica como venimos devaluando el fútbol. Es más, trato de exaltar el recorrido que acarrea dicho deporte. Sin embargo, todo el desarrollo que se ha atravesado desde entonces está siendo demolido a base de egoísmo y carencia de empatía. Desvelaba Florentino Pérez anoche en El Chiringuito de Jugones que los grandes clubes están padeciendo pérdidas millonarias. Ante ello, pienso (o quiero pensar, por precisar mas aún) que la hinchada, ya no de un equipo u otro, sino del deporte en general, quiere que su club logre su recuperación económica, sus hitos deportivos y su pedacito de historia sobre el verde, como siempre se ha hecho y, si prevalece el sentido común, como se seguirá haciendo.

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Afirmó el presidente del Real Madrid que la Superliga Europea (también presidida por Pérez), aparte de que salvará al fútbol, no es una competición cerrada, aludiendo a las invitaciones que existirían cada temporada. ¿Acaso no se puede considerar cerrada una competición que, de veinte equipos mantiene fijos a quince de ellos sin importar su clasificación liguera? ¿Acaso no merece una plaza en el olimpo continental (sin ir más lejos, en esta campaña) el Leicester y el West Ham, terceros y cuartos respectivamente, que Tottenham y Arsenal, octavos y novenos?

Quizá peque de ingenuidad, pero al escuchar Superliga, aunque lo primero que pienso es en las competiciones domésticas de Turquía y Argentina -tema que también habrá que tratar-, se me vienen a la cabeza los mejores equipos. Y los mejores equipos no tienen que ser los históricos, o es que se imaginan al Nottingham Forest, bicampeón de la Uefa Champions League -asumo el riesgo de haber mencionado a perros y gatos en el mismo párrafo- disputando la final al Deportivo de la Coruña, cuyo palmarés es conocido por cualquier consumidor de fútbol nacional por el mero hecho de ser históricos.

Es a lo que nos exponemos en caso de que se convierta en una realidad, más de lo que ya es, pues la competitividad de las ligas se vería duramente golpeada, sin apenas respuesta salvo un llamamiento a la cordura en la “liga de los grandes”, algo que no aparenta ser cercano debido al hartazgo de los fundadores con respecto a los pequeños.

Lo que no saben los propios fundadores -aunque la sensación que me da es que sí que son conscientes de ello con severa contundencia, lo que puede incentivar a ello- es que, de vez en cuando, alguna de las piedras que David lanza con su onda impactan a la sien del gigante Goliat, dando lugar a las gestas de equipos que no están invitados a la fiesta y que, mediante su trabajo, se labran el billete. Eso, queridos fundadores, es la esencia del balompié.

¿Somos conocedores de que de haber llegado esta propuesta de formato años atrás, no habríamos vivido el hito del mencionado Leicester? ¿La Champions del Porto de José Mourinho? ¿El EuroMálaga, el EuroVillarreal, el EuroTenerife, el EuroCelta y tantas historietas que guardan los emblemáticos estadios que, por una cosa o por otra, no se han asentado en la cima?

Sin duda, el hecho de limitarnos a comer el mismo plato todos los días, por exquisito que sea, nos cierra las puertas de alguna maravillosa sorpresa que despierte nuestros sentidos y nos recuerden que, a veces, nos sabe mejor un bocadillo de mortadela a la trufa blanca. Y si quieren mayor emoción, que rechacen la desigualdad de ingresos y que la SD Huesca cobre lo mismo por participar en LaLiga que el FC Barcelona, o el Benevento y el Inter Milano, o el Stade Brestois y el Paris Saint-Germain. Aunque hemos comprendido que interesa aumentar la competitividad e ingresos de veinte entidades, dejando en la estocada a otras cuarenta (remitiéndome únicamente a los de las primeras divisiones de las cinco grandes ligas, pues también afectaría a aquellos equipos que no militan en los cinco países que reinan).

Será que prefiero ver apretado un duelo entre Betis y Atlético de Madrid antes que uno entre Manchester United y Juventus, será que prefiero ver una eliminatoria entre Real Madrid y Bayern München dos veces al año (ida y vuelta) en vez de cuatro -de los que alguno será insignificante-, por aquello de la exclusividad, de llegar a casa pensando que es el momento de la temporada en el que los grandes patean el balón estrellado y saltan al verde en el aura que genera el himno de la orejona. Por ser, serán quinientas mil cosas distintas, pero lo que sí que es una realidad es que ya no queda casi nadie de los de antes, o eso quieren hacernos creer. Porque los que hay, han cambiado.

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