Los yugoslavos en el Oviedo de los 90: talento y garra a raudales para la última edad de oro del club carbayón

La primera mitad de los 90 supuso para el Oviedo una pequeña edad de oro, sólo comparable a los logros de aquel equipo que la Guerra Civil española malogró. En aquella plantilla, además de una sólida estructura de jugadores nacionales, en ocasiones canteranos, brillaron con luz propia una serie de jugadores de la antigua Yugoslavia que dieron un rendimiento que ya ningún otro jugador extranjero (y casi ni nacional) pudo igualar nunca más.

No se pueden entender las trece temporadas consecutivas en Primera División del Real Oviedo, que incluyen un clasificación para la Copa de la UEFA (única vez que el Real Oviedo jugó competición europea en su historia), sin la aportación decisiva de aquellos jugadores procedentes de la extinta Yugoslavia (serbios, croatas, montenegrinos, macedonios…) que dejaron una huella imborrable en la memoria y en el corazón de los aficionados azules que tuvieron la suerte de vivir aquella etapa. Si encuestáramos a los hinchas azules de aquellos felices noventa sobre quiénes fueron los futbolistas más brillantes que pisaron el césped del antiguo Carlos Tartiere en esa “década prodigiosa” al lado del nombre del inolvidable Carlos seguro que aparecerían varios de aquellos deportistas balcánicos que dieron un rendimiento extraordinario al club presidido entonces por D. Eugenio Prieto.
Para hacer justicia, antes de nombrar a ninguno de ellos hay que destapar a la persona que en la sombra asesoraba con un ojo certero que para sí quisieran todos los que le sucedieron en el puesto en los últimos 25 años: el mítico Enrique Casas, ojeador que ya había sido clave en la edad de oro vivida por el Sporting anteriormente, y que contribuyó de manera definitiva a que vistieran la camiseta azul jugadores desconocidos para el gran público, y que llegaban a muy bajo coste, dando después un rendimiento fuera de serie. Casas, con su extraordinario “ojo clínico”, aconsejó los fichajes de los primeros jugadores balcánicos llegados al Oviedo y que con diferencia fueron los que ofrecieron mejores prestaciones. Las anécdotas vividas por él y por Eugenio Prieto en los fichajes de alguno de estos jugadores quedarán para siempre en la intrahistoria del equipo de la capital asturiana.
A los que nos tocó vivir estas dos últimas décadas calamitosas para el Oviedo, sólo nos queda envidiar la suerte que tuvieron los que disfrutaron en directo de algunos de estos jugadores balcánicos que dieron un resultado extraordinario, y sobre todo no compararlos con los penosos tuercebotas que desfilaron por el Tartiere los últimos lustros. Para no hacer sangre, tampoco vamos a comparar a nuestros modernos directores técnicos (y ojeadores) con el mencionado Enrique Casas.
Ya toca hablar del primero de esta lista: Nenad Gracan, que llegó en 1989 cuando su país de origen aún se llamaba Yugoslavia. Procedía del Hadjuk Split y costó 18 millones de pesetas (poco más de 100 000 euros). Vino para dirigir el centro del campo del equipo azul, tarea que compartía, a veces, con otro centrocampista dotado también de una técnica envidiable: el catalán Vinyals. Con él como organizador y con Javier Irureta en el banquillo, el Oviedo alcanzó aquella histórica clasificación para la Copa de la UEFA y vivió sus mejores temporadas en la élite. Gracan disputó cuatro temporadas en el Real Oviedo, coincidiendo en alguna de ellas con otros jugadores yugoslavos, los croatas Nicola Jerkan y Janko Jankovic. Jerkan estuvo en el Oviedo desde la temporada 90/91 hasta la 95/96, jugando más de doscientos partidos con la camiseta azul. Tiene el récord de jugador extranjero con más partidos con el Oviedo en Primera División (203). Cualquiera que lo haya visto jugar recordará su precisión cuando iba al corte y su elegancia sacando el balón. Era el líbero de aquella inolvidable (y contundente) defensa de tres centrales al lado de Sañudo y Gorriarán. Ese centro de la defensa, la dirección de Gracan en el mediocampo y los goles de Carlos arriba formaron la columna vertebral del mejor Oviedo desde la Guerra Civil. En 1991 fue elegido el mejor líbero de la Primera División por la revista Don Balón. Tras pasar por diferentes clubes europeos, Jerkan se retiró y decidió quedarse a vivir en Oviedo, donde reside actualmente.
Es curioso como aquel Oviedo de esa época gloriosa tuvo a un croata en cada línea. Si Jerkan lideraba la defensa y Gracan el centro del campo, en el ataque tenía a Janko Jankovic, el abrelatas de las defensas y socio ideal para el mejor jugador nacional que vistió la camiseta del Oviedo desde los años 30: el goleador Carlos Muñoz. Jankovic llegó procedente del Valladolid, con el que había disputado dos buenas temporadas llegando a la final de la Copa del Rey del 89, y defendió la camiseta del Oviedo cinco temporadas, hasta la 94/95. Aquellos aficionados que acudían al viejo Tartiere en la primera mitad de los 90 pudieron disfrutar a la vez de tres delanteros que visto desde la óptica de hoy en día parece imposible que vuelva a repetirse. Además de Jankovic y Carlos, desde 1991 hasta 1993 vistió la camiseta azul el rumano Marius Lacatus. Cualquier tiempo pasado fue mejor…

Jankovic (izquierda) y Prosinecki (derecha).


Y si causa tristeza comparar los tiempos actuales con aquellos felices 90, comparar cualquier centrocampista que se haya puesto la camiseta del Oviedo en los últimos veinte años con el siguiente jugador balcánico de la lista provoca una depresión absoluta. Slavisa Jokanovic es para muchos el mejor jugador extranjero que haya pasado por el Oviedo, y para otros sencillamente el mejor tanto extranjero como nacional. Su fichaje, procedente del Partizán, estuvo rodeado de polémica e incluyó una incursión en medio de la Guerra de los Balcanes del intrépido presidente Eugenio Prieto, que cruzó la frontera yugoslava casi de incógnito para hacerse con la firma del prometedor jugador serbio, que hasta ese momento se manejaba tanto en el centro de la defensa como de mediocentro. En el Oviedo comandó el centro del campo y con su envergadura, medía 1’90 metros, su físico y su saber hacer demostró ser un futbolista total. Además no jugaba en beneficio de su propio lucimiento, sino que hizo mejores a todos los jugadores que le rodearon. Con su sentido del pase el balón siempre llegaba al compañero para que lo jugase con ventaja, y abarcaba una amplísima zona del campo tapando huecos con un gran sentido táctico y jugando el balón con una inteligencia poco común. Ayudaba en defensa con su poderoso juego aéreo y era capaz de llegar al área contraria con facilidad. Nunca rifaba un balón y era muy difícil arrebatárselo. Lástima que la necesidad de hacer caja hizo que sólo lo disfrutásemos dos temporadas (93/94 y 94/95).

De pie: Jerkan (segundo por la izquierda), Jokanovic y Prosinecki (cuarto y quinto, respectivamente).

Muchos señalan el traspaso de Jokanovic al Tenerife como el inicio de la decadencia del equipo carbayón en Primera División y desde luego el hueco que dejó ya nunca fue cubierto por ningún centrocampista que se acercara mínimamente al nivel de Slavisa. Prueba de la extraordinaria aportación que hizo a sus equipos este jugador son los extraordinarios hitos que consiguieron los clubes modestos en los que jugó, y que en muchos casos no han vuelto a ser igualados por estos clubes: con la Vojvodina de Novi Sad en el 89 logró el título de la por entonces poderosa Liga Yugoslava; en el 92 ganó la Copa de Yugoslavia con el Partizán de Belgrado imponiéndose al Estrella Roja que el año anterior había ganado la Copa de Europa de Clubes; llevó al C.D. Tenerife a las semifinales de la Copa de la UEFA en el año 97 (la misma temporada en la que le endosó un hat trick al Barcelona) y fue pieza clave en el título de Liga conseguido por el Deportivo de la Coruña en el año 2000. En el Oviedo, con un equipo en transición llegó al séptimo puesto en la Liga, segunda mejor clasificación del equipo azul en la época moderna. Después de su periplo español aún tuvo tiempo de dar tardes de gloria en Stamford Bridge, jugando para otro equipo azul: el Chelsea londinense.
En aquella época coincidió en el Oviedo con el entrenador serbio Radomir Antic, que tuvo dos etapas en el club asturiano (92-95; 2000-01) y con otra estrella yugoslava cedida por el Real Madrid: el genial Robert Prosinecki, Campeón de Europa con el Estrella Roja en 1991 y que en la temporada 94/95 dejó pinceladas de su enorme calidad en el viejo Tartiere. Nunca sabremos dónde podría haber llegado aquel jugador si las lesiones no hubieran lastrado totalmente su carrera.

Robert Prosinecki y Radomir Antic en un entrenamiento.


Tras la marcha de Antic del banquillo carbayón, llegó en la temporada 95/96 otro entrenador serbio, Ivan Brzic. Los jugadores balcánicos que llegaron en temporadas posteriores no fueron capaces de acercarse al nivel de estos pioneros de principios de los 90. El que más tiempo vistió de azul fue el serbio Albert Nadj, cuatro temporadas con un rendimiento aceptable. El macedonio Mitko Stojkovski también cumplió durante los dos años que pasó en el club. Otros como el montenegrino Nebojsa Scepanovic (que llegó para sustituir a Jokanovic en 1995 y fracasó) y los serbios Milan Martinovic, Djordje Tomic y Veljko Paunovic estuvieron lejos del nivel mostrado por los inolvidables Gracan, Jerkan, Jankovic, Jokanovic y Prosinecki, cuyos nombres van a estar ligados para siempre a la mejor época de la historia reciente del Real Oviedo.

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