¿Qué fue de… Manucho? Leyenda viva pucelana

Cualquier aficionado del Valladolid que tenga un mínimo de edad y de memoria, recordará a Manucho recorriendo o andando por el campo de Zorrilla, el angoleño siempre con una sonrisa en la cara llegó con promesas que acabaría cumpliendo pero de una forma distinta a lo que se esperaba. Hoy, recordaremos a uno de los jugadores más recordados en Valladolid, aunque no fuese precisamente por sus méritos deportivos.

Manucho comenzó su trayectoria como jugador en el equipo de su ciudad natal llamado el Benfica de Luanda, allí junto con su padre, un ex-jugador que actuaba como el entrenador personal de su hijo, Manucho fue creciendo hasta el punto de interesar al propio Alex Ferguson. Aunque por problemas burocráticos el angoleño no podía cumplir su sueño de jugar en United.

Ese mismo año se celebró la Copa África, en la que el delantero se dio a conocer a toda Europa y se confirmó su cesión al Panathinaikos griego, en el que tuvo una breve estancia de un año, hasta que el United solucionó los problemas que impedían a Manucho llegar y le incluyó en ese equipo legendario campeón de la Champions.

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De hecho en su estancia en Manchester compartió con vestuario con Cristiano Ronaldo, con el que se llevaba especialmente bien ya que hablaban ambos portugués, incluso existió la posibilidad de que ambos grabasen un disco de música, algo que por suerte o por desgracia no cogió forma.

Su primera etapa en el United no cuajó, y tras solo 4 partidos fue cedido al Hull City, donde terminó la temporada y logró disponer de más minutos y continuidad, aun así en Manchester ya no contaban con él a su vuelta y le vendieron al Valladolid por algo menos de 3 millones, una cifra astronómica por un desconocido y que paso factura en Pucela.

Al llegar al club, el angoleño aseguró que conseguiría anotar entre treinta y cuarenta goles, esas palabras eran una simple ilusión, ya que tan solo consiguió meter 4 goles y el equipo descendió de nuevo a segunda, la gente se empezaba a dar cuenta ahí del pufo que habían comprado y la directiva decidió cederle a Turquía para comprobar su nivel.

Su paso por el país Otomano se resume en decepción, pasó por dos clubes distintos, el Bucaspor y el Maniaspor, en los que  anotó tan solo 2 goles en 21 partidos. A su vuelta a Pucela se encontró con Javi Guerra, que sería durante los siguientes año su rival en la búsqueda de la titularidad, aunque pareciese que el español andaba varios pasos por encima, ya que gracias a él el Valladolid regresó a la Primera División, al contrario nuestro protagonista parecía que no quería ascender, al meterse un gol en propia en los play-offs de ascenso, para su suerte el Pucela consiguió ascender.

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Contra todo pronóstico, Manucho fue clave en la salvación del equipo ese año en primera, marcando un total de 9 goles, su mejor cifra de goles en toda su carrera deportiva, y dejando para el recuerdo su partido ante el Real Madrid en Zorrilla donde metería un doblete, pese a acabar perdiendo 2-3. Aunque esa temporada sería tan solo una ilusión ya que el año siguiente volvería a las andadas, y metería tan solo 3 goles, lo que conllevó al descenso del Valladolid a Segunda División.

Reacio a volver a Segunda, el angoleño se aferró a la máxima categoría fichando por el Rayo Vallecano. En las que sería titular las tres primeras temporadas en primera, jugando 110 partidos y metiendo 15 goles, en su último año en Vallecas, ya sin contar demasiado para el equipo, jugó solo 9 partidos en los que no metió ningún gol y dejaría el club al finalizar el contrato.

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El Cornellá, equipo de Segunda B, decidió contar con los servicios del delantero, en la temporada que estuvo allí, Manucho se debió dar cuenta de que ya no estaba para esos trotes, al marcar solo un gol en 16 partidos.

Tras su breve estancia en Cornellá, Mateus Alberto Contreiras, más conocido como Manucho, decidió poner fin a su carrera como futbolista, y sorpresivamente, al final de su carrera sobrepasó la cifra de los 40 goles que prometió en su primer año en Valladolid, esa temporada no se cumplió, pero finalmente llegó a la cifra. Callando así a los muchos “haters” que se ganó en su carrera, que tras su retirada, más que odiarle, le recuerdan con cariño, porque aunque no fuese un jugador muy brillante, a su sonrisa no le faltaba el brillo.

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