#RealZaragoza || De estilos preciosistas, estilos “feos” y estilos eficaces

El Real Zaragoza lleva nada más y nada menos que siete temporadas -ésta, la 20-21, es la octava– en su particular infierno de Segunda División en busca del retorno a la máxima categoría del fútbol español. Siete temporadas en las que ha habido de todo: años muy buenos, años muy malos, cambio de propietarios, cambio de directores deportivos, decenas y decenas de jugadores, unos cuantos entrenadores… y una afición y masa social que cada año ha tenido un crecimiento directamente proporcional a los disgustos y golpes que ha recibido.

Siete temporadas en las que se rozó el ascenso en 2015 en Las Palmas, en 2018 con Natxo González y en 2020 con Víctor Fernández, aunque también se coqueteó con el descenso en la 16-17 y en la 18-19. Todos estos años se intentó la hazaña buscando entrenadores con una línea y un estilo de juego similar, si bien evidentemente unos años salió mejor y otros peor. Un estilo de juego más bien preciosista, bonito de ver, que en Zaragoza ha sido el tradicional a lo largo de la historia.

Natxo González en su etapa como entrenador del Real Zaragoza / Foto: Toni Galán

Un estilo basado en la posesión y en ser protagonista en el campo buscando el gol mediante la creación de muchas ocasiones merced a combinaciones y jugadas por dentro en zonas interiores que podrían calificarse como “tiki taka”. Esto era lo que buscaban entrenadores como Lluís Carreras, Natxo González, Imanol Idiákez o Víctor Fernández, técnicos que encajaban a la perfección en la filosofía del club.

En cambio, tras la debacle de la última temporada en la que el estilo cuajó a la perfección hasta el confinamiento -después, se vino abajo-, Lalo Arantegui decidió apostar para esta campaña por Rubén Baraja, técnico que había llevado al Tenerife de la zona baja a luchar por entrar en la promoción siendo el mejor equipo de la segunda vuelta de la 19-20. El asunto radica en que el exjugador del Valencia afirmó -y ya ha demostrado- que su estilo no es tan preciosista como el de años atrás.

Rubén Baraja en el último partido frente al Málaga / Foto: Real Zaragoza

El modo de juego de Baraja se adecua más a lo que se ve en los últimos años en Segunda División, una forma “fea” pero eficaz que ha funcionado ya en muchos equipos que han acabado subiendo a Primera División. No está tan en el extremo, por ejemplo, del Cádiz que olvida por completo la posesión y busca su oportunidad a la contra esperando en su campo bien ordenado defensivamente, pero sí tiene rasgos de éste como la solidez defensiva y ser un equipo rocoso que funcione y crezca desde la portería a cero.

Así han sido los primeros partidos de este nuevo Real Zaragoza, con poco fútbol vistoso, muy atragantado en zona de tres cuartos y con pocas ocurrencias en la parcela ofensiva, además de un centro del campo inoperativo. La buena noticia era la defensa y las pocas oportunidades concedidas hasta que el Málaga deshizo toda esta utopía el pasado domingo.

En definitiva, se trata de un fútbol que no suele gustar en Zaragoza -la afición y los medios de comunicación ya se han quejado-, pero que puede ser eficaz como lo fue en otros lares. Al fin y al cabo, los resultados mandan, los resultados son los que te llevan a un sitio u otro. Y si esta forma de jugar diera resultados, ¿por qué no puede ser éste y tenga que ser otro el estilo que devuelva a los maños a la cumbre?

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