#Udinese || RODRIGO DE PAUL, EL TODOTERRENO INFRAVALORADO

En Argentina se le llama “la edad del pavo” a esa etapa de la adolescencia en la que los jóvenes atraviesan fuertes cambios emocionales que los llevan a dar un vuelco impresionante en su forma de ser y de actuar, hasta alcanzar la madurez. Algo similar parece haberle ocurrido a Rodrigo De Paul, que tras gran cantidad de idas y venidas en su carrera, encontró su sitio en el Udinese y justificó, sobre todo en la Copa América 2019, su presencia en la lista de convocados y posterior titularidad en la Selección Argentina.

Fue en Racing Club donde comenzó su trayectoria, precisamente en el año 2013. A toda velocidad y gambeta por las bandas, pronto conquistó su lugar entre los once titulares y el dorsal número diez. En poco tiempo, varios clubes europeos sondeaban el entorno del futbolista, hasta que finalmente partió rumbo a España para vestir la camiseta del Valencia CF. Tuvo buenas actuaciones, pero a ninguno de los entrenadores que lo acompañaron durante su estancia en Mestalla le llamó la atención lo que ‘Rodriguito’ podía ofrecerles, a pesar de que el jugador estaba sustentado por la hinchada valencianista. Y aquí las idas y venidas: vuelta a Racing sin sobresaltos, nueva partida a Valencia para probar suerte. Nada parecía salirle bien a un De Paul que padecía la falta de minutos y daba con la imagen perfecta de un futbolista estancado: prometía, pero no cumplía; buscaba, pero no encontraba; intentaba, pero no lograba.

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De repente apareció Udinese. Un club dispuesto a ofrecerle confianza, minutos y paciencia. Comienza militando por el carril derecho y de a poco se va integrando hacia el centro de la cancha, siendo fundamental en la zona de gestación y en transición ofensiva. Casi sin darse cuenta, a un Rodrigo De Paul que se desempeñaba en la demarcación de extremo y que poseía como mayores virtudes la explosividad y el desborde lo atropella una avalancha de visión de juego, vocación defensiva, perfeccionamiento del pase y de la técnica. Y aquí nace un nuevo futbolista: uno que hace notar su presencia durante el transcurso de los noventa minutos permaneciendo enérgico hasta el silbatazo final y que encarna la energía, el poder, la potencia y el ímpetu inherentes al más honorable de los caudillos. Así volvió a llegar al mundo del fútbol un jugador que alcanzó la madurez, dejando atrás a la tan irritante edad del pavo.

Su figura ha metamorfoseado hacia un auténtico héroe que trabaja inhumanamente en defensa y en ataque. En el Udinese, es él quien suele arrebatarle la pelota al rival (220 balones recuperados este año) y comandar un ataque rápido, es él el futbolista de campo que más partidos ha disputado esta temporada, es él quien, a pesar de haber dejado atrás su pasado fuertemente asociado al ataque, mayor influencia tiene en la faceta ofensiva del equipo: ha intervenido de manera directa en catorce goles. Para Rodrigo De Paul es natural acaudillar y guerrear por el Udinese noventa minutos cada semana, como si el mismísimo William Wallace invadiera su espíritu hasta que sale del Dasa Arena y regresa a su imagen benévola e incluso tierna y cálida, en la que disfruta del paso del tiempo con su mujer e hija pequeña.

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A pesar de su rol heroico y su encomiable liderazgo, sus características de creador de juego no han desaparecido. ‘Rodriguito’ posee un regalo desde la cuna: la visión de juego. En esta campaña, promedia más de dos pases clave por partido. Ha comprobado que es impresionantemente bueno para encontrar los espacios y ponerle, como si fuera con la mano, el balón al compañero, aunque estos no sean igual de genios en el momento de convertir. También atesora la virtud del regate. Si bien es cierto que en comparación con el curso anterior la cantidad de gambetas que realizaba por partido ha disminuido, ha apostado por driblar menos y ser más efectivo (promedia 1.8 regates por partido con un 67% de acierto).

Todo esfuerzo tiene su recompensa. El dicho debería llevarlo tatuado en la frente Rodrigo De Paul, que tras haber pasado años en el aire divagando entre las tinieblas y la oscuridad, encontró una luz resplandeciente a la que algunos llaman Dios y otros suerte, pero él preferirá llamarla Udinese. Lo levantó del terreno pantanoso, le lavó la ropa, lo vistió con su uniforme blanco y negro y le depositó toda la confianza y paciencia para que pudiera demostrar su valor. Su incansable sacrificio llegó a oídos de un Lionel Scaloni que acertó en su totalidad convocándolo para unos amistosos. Desde aquellos encuentros ante Irak y Brasil, Rodrigo no dejó de vestir la camiseta albiceleste… ¿hasta cuándo vestirá la bianconera?

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