#Opinión || ¿PUEDE EL BARÇA SOÑAR CON LA CHAMPIONS?

El Barça se juega la última carta de la temporada 2019/20 el 8 de agosto ante el Nápoles en el Camp Nou acompañado, en lugar de por los hinchas, por un contexto inconcebiblemente peliagudo. Eliminado de la Copa del Rey hace meses y sufriendo el festejo del título de La Liga que se adueñó el eterno rival hace unas semanas, los de Setién tienen todavía tiempo para analizar el escenario y modificar gran cantidad de aspectos del juego si quieren permitirse batallar por una Champions League que no conquistan desde hace cinco años.

Antes de examinar las fortalezas y debilidades de este Barcelona, se tiene que recordar que para soñar con alzar un trofeo, primero es necesario enfrentarse (y conocer) a los oponentes. Y precisamente, el Nápoles no es un conjunto liviano. Genaro Gatusso llegó al banquillo para suplir a un Carlo Ancelotti que, en su primera temporada al mando de los napolitanos, alcanzó el subcampeonato obteniendo el segundo lugar y siendo el principal adversario de la Juventus de Turín en la Serie A. Es decir, “Rino” se hizo cargo de un listón que el actual técnico del Everton dejó muy alto. Pero, ¿existe algo que le dé miedo a Genaro Gatusso? La respuesta es no.

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Tan pasional como de costumbre, el técnico transmite fervor a sus dirigidos y el contagio se percibe en la cancha. Este Nápoles va al frente. Es un equipo que juega en campo rival, que busca el resultado. Reúne gran cantidad de los conceptos básicos del juego ofensivo: 4-3-3, salida limpia desde atrás para atraer rivales, fase de creación serena para evitar errores y generar espacios libres a ocupar, producción de amplitud por medio de los laterales y extremos. De hecho, los primeros son realmente importantes en el esquema que Gatusso pone en práctica: son laterales profundos, intensos y fuertes, pero también muy comprometidos con la faceta defensiva.

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Para profundizar en lo que será este duelo el 8 de agosto, también es importante recalcar cómo jugó el Nápoles aquel partido de ida. En San Paolo, “Rino” optó por un 4-3-3 en ataque y un marcado 4-5-1 sin posesión. Como la mayor parte del encuentro le tocó defender a un Barcelona cuyo ritmo de balón fue excesivamente lento y que con simples basculaciones horizontales pudo controlar, esperó en un bloque bajo algún error del compilado azulgrana para marcar su gol, que llegó en el minuto 31 por una falla en la presión.

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Ahora bien, ¿cómo jugó el Barça aquel partido? Como de costumbre esta temporada; espeso, desabrido, plano. El ritmo de juego fue lento, lo que facilitó la defensa del Nápoles. No hubo amplitud y por ende, la profundidad fue nula. No existieron desmarques, ni situaciones de uno contra uno, ni amenazas, ni peligro. Lo único “positivo” fue el resultado que, de hecho, tampoco se podría afirmar con certezas qué tan favorable fue para los de Setién.

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Genaro Gatusso

Entonces aquí aparecen las primeras debilidades de este Barça: el juego raso, la falta de profundidad, la innecesaria circulación de pases en campo propio y el derrumbe de las segundas partes. Es básico mencionar este último aspecto: a uno le da la sensación de que en los primeros cuarenta y cinco minutos el equipo da clases de intensidad al rival, que lo desborda en todas las líneas y que la circulación de la pelota es fugaz (véase vs. Sevilla o Celta) hasta que, repentinamente, en la segunda mitad se desinfla y regresa a la imprecisión, a la mediocridad, a la falta de energías, al vulgar pensamiento de “balones a Messi y que invente algo”.

Aun así, no todos los inconvenientes son futbolísticos. Es sabido que el club atraviesa una cruda crisis institucional. Se invierte excesivo dinero en fichajes que no dan la talla, se expulsa a un entrenador a mitad de temporada y a su relevo se le quiere arrojar a la calle con apenas seis meses de proyecto. Claramente, la enorme cantidad de embrollos e inquietudes de la directiva que encabeza Josep Maria Bartomeu deriva en el auténtico caos y desorden que a día de hoy es el vestuario del Barça para luego reflejarse de manera directa y desarreglada en el terreno de juego.

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Los malos movimientos en el libro de pases son una parte elemental del caos que sufre el equipo. En este sentido, es imposible no mencionar el nombre de Antoine Griezmann, por quien se invirtieron 120 millones de euros y acabó en el banco de suplentes en partidos clave como ante el Atlético de Madrid, el Sevilla o el Celta. El caso de Júnior Firpo (18 millones) también debe citarse, puesto que el carrilero izquierdo no ha destacado en ningún encuentro desde su arribo al club, y a pesar del bajo nivel de Jordi Alba, no ha logrado mejorarlo. Martin Braithwaite (18 millones), a pesar de sus ganas y esfuerzo, tampoco es un futbolista del nivel Barça. El neerlandés Frenkie De Jong (75 millones) ha sufrido altibajos en su rendimiento y actualmente atraviesa una lesión. En definitiva, esta campaña las operaciones no han sido favorables para el equipo, y la dirigencia no ha sabido suplir a una plantilla que ya tiene a siete jugadores por encima de los treinta años.

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Desorden, caos, desarreglo, inquietudes, derrumbe. Algunas de las palabras que he utilizado en el presente artículo para describir una situación que un club tan enormemente reconocido como el Fútbol Club Barcelona no puede permitirse y mucho menos si pretende alzar un título tan prestigioso como lo es la Champions League.

Respondiendo a la pregunta de si puede el Barça soñar con el trofeo más importante a nivel continental sostengo que, en un escenario como el actual, el sueño europeo debería estar descartado para el club. No es pesimismo ni negativismo, es aceptar la realidad y hacer autocrítica interna. Como el capitán exclamó luego de que el Madrid se hiciera con La Liga; es la asimilación de los errores el camino que siempre lleva a la mejora y al perfeccionamiento.

La Champions League es una competición imposible de predecir. El máximo rival es el principal ejemplo de este concepto: la fortuita conquista de sus últimas tres orejonas fue enteramente imprevista. Pero no siempre es necesario mirar al Real Madrid. El mismo Barcelona es consciente de esta afirmación: hace tres temporadas que padece insólitas eliminaciones desde cuartos de final en adelante, con inclasificables remontadas que han secado por completo la ilusión de los aficionados y que, por encima de todo, han sembrado el terror hasta de los propios futbolistas.

En definitiva, este torneo es tan anómalo que es tan poco posible afirmar una eliminación en semifinales como una en octavos. Pero sí es necesario confirmar que si este Barça pretende escalar posiciones hasta el último paso, deberá ser consciente de que hay mucho que cambiar. Quizá lo más viable sea que este año se quede en blanco para los de Setién, pero en todo caso se debe realizar autocrítica, dejar de lado los egos y construir un proyecto en base a los jóvenes y al mejor jugador del mundo. Así permanezca el ex técnico bético, venga Xavi o suene Blanc, la idea debe ser siempre la misma: hacer caso al ADN y a la filosofía que desde hace décadas fue impuesta por aquel que muchos dicen seguir pero pocos se le parecen: Johan Cruyff.

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