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#LigaSantander || OPINIÓN: EL DRAMA DE LOS ENTRENADORES

La Liga Santander sufrió un grave varapalo cuando a mediados del mes de marzo el gobierno español decretó un Estado de Alarma debido a la pandemia de COVID-19 por la que estamos atravesando.

Ese decreto obligó a que todas las competiciones de fútbol españolas fueran suspendidas. Incluso fuera de España, otras ligas se dieron por finalizadas debido a la emergencia sanitaria.

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El 11 de junio los aficionados del fútbol español volvieron a sonreír, pues LaLiga reiniciaba su curso con un derbi entre el Sevilla y el Betis, que fue una presentación de cómo sería el “nuevo” fútbol que vamos a tener por un tiempo hasta que las circunstancias sanitarias lo permitan.

Estamos ante un “nuevo” fútbol en el que tenemos cambios como las cinco sustituciones por partido, partidos a puerta cerrada entre otros cambios que, de primeras nos resultaban extraños. Sin embargo, el gran bombazo de este regreso a los terrenos de fútbol es (y probablemente será) el gran número de entrenadores destituidos en las escasas tres semanas que llevamos de competición.

La lata se abrió con la destitución de Rubi, ex entrenador del Betis que dirigió su último encuentro contra el Athletic Club que terminó 1-0 en contra de los béticos. Le siguió el ex entrenador del Espanyol Abelardo, que después de perder 1-0 contra el Betis también fue destituido. Para concluir, la relegación de Albert Celades del banquillo valencianista tras una derrota por 2-0 ante el Villareal.

En LaLiga SmartBank, la segunda categoría del fútbol español también se han sucedido despidos, como el de Jose María Gutiérrez como entrenador del Almería (que actualmente está en puestos de playoff de ascenso), el de Curro Torres como entrenador del Lugo y el reciente despido de Lluís Martí del banco del Girona, que también entraría en puestos de playoff de ascenso al igual que el Almería. Ni siquiera nuestra segunda división ha logrado salvarse del “drama de los entrenadores”.

Pero… ¿es realmente culpa de los entrenadores el pobre rendimiento de los equipos?

Cuando se trata del pobre rendimiento de los equipos es un clásico el culpar a los entrenadores. Como dijo Zidane: “Aquí, cuando pierda un partido, me van a criticar.” Cuando un equipo pasa por una mala racha se suele mirar al entrenador y no a los jugadores (no en todos los casos).

Podemos tomar de ejemplo la temporada pasada del Real Madrid. Tres entrenadores de los cuales ninguno fructiferó desde mi punto de vista. Ni siquiera Zidane lo logró. ¿Fue culpa de los jugadores o del entrenador? El año pasado vimos a un Real Madrid “cansado” de ganar. Un equipo que no tenía motivación, que en una semana se le escapó todo. ¿Y fue culpa de los entrenadores? Claramente no.

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Pienso que debería de ponerse bajo lupa el rendimiento de los jugadores antes que el de los entrenadores. Como en el caso del Valencia, que se ven a unos jugadores agotados. Sin ambición. Y es entendible que los jugadores, a las alturas que estemos se encuentren así. Estamos ante una de las temporadas más atípicas, una temporada que ha resultado dañada debido a una pandemia, una temporada en la que los equipos no cuentan con su público para que les apoye. A falta de las pocas jornadas que nos quedan los jugadores deben vestir la camiseta de su equipo con orgullo, quieran seguir en el conjunto o no. Tienen que hacerlo por sus aficionados, que ansían regresar a las gradas a animar a su equipo favorito.

Obviamente hay casos en los que el entrenador no concuerda con el equipo. Podemos poner como ejemplo el caso de Quique Setién en el banco del FC Barcelona. Desde mi punto de vista, ni entrenador ni jugadores se han adaptado recíprocamente, algo que les ha podido costar el título liguero, a pesar de que también el equipo necesita una renovación.

La temporada del FC Barcelona no está perdida aún, pues el Real Madrid puede pinchar y perder el liderato, y les queda por delante la Champions League que se jugará en agosto.

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En conclusión…

Se debería de observar más el rendimiento de los jugadores antes que el del entrenador en sí. Son los jugadores quienes saltan al campo a dejarse la piel por su equipo, y si están vacíos de motivación, ambición y ganas, mejor que se marchen. Que se marchen a otro lugar donde se sientan mejor, pero no se puede permitir que se manche la honra de los equipos de esta manera. No se puede manchar la honra de un equipo por el que han peleado tantos jugadores y por un equipo por el que tanto han velado los aficionados para acompañarlo allá donde vaya.

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