#MICHAELROBINSON || DE PENSAR QUE OSASUNA ERA UNA CIUDAD A TOREAR EN EL SADAR

En 1987, el Club Atlético Osasuna fichó a Michael Robinson, delantero centro de naconalidad Británica e Irlandesa. Michael formó parte del legendario Liverpool de 1984. Aquel año se proclamaron campeones de Europa venciendo en una excitante tanda de penaltis a la Roma.

Su etapa en Inglaterra:

El jugador empezó a temprana edad en las ligas Inglesas. Comenzó en las categorías inferiores del Coventry City y pasó por varios clubes Amateur de Blackpool. En 1974 recaló en el Preston North End de Tercera división con un contrato parcial. Al año siguiente debutó con el primer equipo bajo las órdenes de Harry Caterrick. Cuando cumplió los 18 años fue renovado con un contrato profesional. Más tarde pasó por clubes como el Manchester City o el Brighton and Hove Alvion. Tras el descenso de este último, el Liverpool, club del que era fanático Robinson, fichó a Michael por unas 200.000 libras. Aquí es donde firmó una de sus mejores temporadas, logrando levantar tres títulos: La liga, la Copa de la Liga y la Copa de Europa. Lamentablemente sus lesiones le impidieron seguir en Inglaterra, y tubo que poner rumbo a España.

Robinson durante un partido con el Liverpool

Pamplona, la ciudad que enamoró a Robinson:

El club navarro estaba en posición de descenso cuando fichó al delantero Inglés. ‘Robin‘ tenía claro su objetivo, ayudar al club a mantenerse en la máxima categoría del fútbol Español. Una de las primeras anécdotas de Michael fue la siguiente:

Hablando con su mujer: “Descendemos seguro. Eso no lo salvaba ni Spiderman, no hacía falta que llegase un delantero del Liverpool. “¿Qué tal Osasuna?”, añadió su mujer. “Osasuna no existe, es el equipo de Pamplona“, le reprochó su esposa. Ah, ¡Hemingway!”, finalizó.

Hace unos meses Robinson confesó otra de una de sus anécdotas más graciosas:

Los jugadores de Osasuna antes de saltar al campo rezaban una oración en el vestuario, lo que extrañó a Robinson. “Yo que soy agnóstico al acabar al partido llamé a mi padre y le dije: ‘Papá, se confirman mis sospechas, somos muy malos. Tanto, que tenemos que rezar antes de jugar el partido”

Esa misma temporada consiguieron la permanencia gracias a 7 tantos de Michael Robinson que ayudaron a mantenerse en la competición.

Se sentía muy cómodo jugando en El Sadar, decía sentirse acogido por a afición. Un día confesó que jugar con la elástica rojilla le hacía feliz porque incluso cuando no le salían bien las cosas la grada no paraba de animar.

Por último, no podíamos olvidarnos de su famosa celebración; cuando metía celebraba el gol como si estuviese toreando un toro.

Robinson celebrando un gol

Sin duda alguna, Michael quedará en el corazón de muchos. Desde aquí le mandamos nuestro apoyo a sus familiares y amigos y deseamos que descanse en paz.

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